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Mi novia, amante y esposa 2
Luego de mi primera experiencia sexual anal con mi novia, todas las noches aprovechábamos para satisfacernos sexualmente. Comenzábamos con un ritual de excitación, sentándonos frente a frente y mostrándonos nuestros sexos mútuamente. Silvia tenía una conchita muy pequeña y poco peluda, y me encantaba cuando se levantaba el vestido hasta la cintura y me mostraba ese hermoso coñito. Sus labios vaginales eran suaves y no muy pronunciados, su clítoris tan delicado y diminuto que me enloquecía de gusto. Yo le mostraba mi verga dura como una piedra, grande y gruesa. Nos masturbábamos cada uno mirándonos a los ojos y a nuestros sexos. De rato en rato nos acercábamos y nos lamíamos los labios con la lengua el uno al otro. Una noche, mientras la visitaba en su casa, nos encontrábamos besándonos en el sofá. Silvia llevaba un vestido hasta la rodilla (en esos tiempos no se usaba mini) y no llevaba ni sostén ni bragas. Yo le chupaba las tetas y le masturbaba el clítoris. Su coñito estaba tan húmedo..., pero no podía intentar ni meterle un dedo en esa deliciosa conchita. Súbitamente me arrodillé ante ella, le abrí las piernas lo más que pude e inexpertamente comencé a chuparle su delicioso coñito. Era la primera vez que chupaba una conchita. Silvia arqueó su cuerpo contra mi cara y se vino inmediatamente en un orgasmo casi instantáneo. Sus ojos perdidos en la nada y dulces gemidos de placer salían de sus labios mientras yo me deleitaba con los sabrosos jugos de su virginal concha. Loca de un sentimiento mezclado de amor y lujuria, hizo que me pusiera frente a ella, me sacó la verga y se la metió en su delicada boquita, chupándola con frenesí. Desde mi posición podía ver cómo mi pene entraba y salía de su boca y en cada arremetida se metía más y más, hasta que logró introducir toda mi verga en su boca. Luego la sacaba y, con su lengua, lamía la punta de mi pene y tragaba mis jugos mirándome con éxtasis a los ojos. Me mamó por unos 5 minutos y comencé a sentir que no podía más. Le dije que estaba a punto de venirme. Silvia introdujo todo mi pene en su boca y, con una mirada sensual, me hizo explotar en un orgasmo intenso que me hizo temblar de placer al ver cómo se tragaba toda mi leche. Luego se levantó y me besó tiernamente, diciéndome que me amaba con locura. Continuamos besándonos y nos excitamos nuevamente. Su coñito estaba bastante húmedo y yo había recuperado la rigidez de mi verga. Silvia se levantó del sofá, se colocó delante de mí, dándome la espalda, y sacó mi verga dirigiéndola hasta su hermoso culito. Lentamente se la introdujo en el ano y comenzó a subir y bajar con mi verga metida en su trasero. Yo miraba cómo mis aproximados 12 centímetros entraban hasta lo más profundo de su culito con unos movimientos circulares y rítmicos. Silvia jadeaba de placer y me pedía que no me viniese hasta que no estuviera ella lista. Continuamos cogiendo por alrededor de 10 minutos y con voz entrecortada me dijo que estaba lista. Explotamos juntos en nuestro segundo orgasmo de la noche. Luego de un rato, la mamá de Silvia tuvo que salir y nos dejó solos en la casa. Aprovechamos entonces para irnos al cuarto de Silvia y, sabiendo que su madre tardaría por lo menos una hora en volver, le pedí que se pusiera sus tangas y su sostén y me diera un show de strip. Silvia se vistió completamente y comenzó a danzar con   sensualidad frente a mí. Lentamente se suspendía el vestido hasta la cintura y acercaba su coñito a mi cara. Su tanga ya se había humedecido y yo le lamía la concha por encima de ella. Luego se quitó el vestido y el sostén y aproveché para chuparle su bellas tetitas recién desarrolladas, para luego bajar nuevamente a su conchita y chupársela. Se quitó la tanga y, colocando un pie sobre la cama donde yo estaba sentado, me ofreció su rosado coñito para que me deleitase chupándoselo. Me desnudé rápidamente, nos echamos en su cama y comenzamos a besarnos y tocarnos nuevamente (a los 14 años la energía es inagotable).
Silvia tomó la posición superior y me besaba la boca con lujuria mientras mi verga tocaba su hermosa y húmeda conchita. Luego fue bajando hasta mi pecho y llegó finalmente a mi verga, metiéndosela en la boca con desesperación. Me lamía la punta del pene y se metía mis bolas en su boca. Instintivamente, atraje su conchita hacia mí y, de pronto, Silvia y yo estábamos sumergidos en un 69 fenomenal, nuevo para ambos y bastante excitante. Ambos gemíamos de placer, mientras ella me chupaba la verga y yo le lamía el culo y la conchita. Metí un dedo dentro de su culito y sentía la humedad que le había dejado minutos antes cuando la cogí por atrás. Mi lengua penetraba todo lo que podía en su virginal vagina y luego pasaba a lamerle el clítoris.
Silvia me indicaba dónde le producía mayor placer con mi lengua y yo le pedía que se metiera toda mi verga en la boca. Me decía que me amaba y que sentía la sensación más hermosa de su vida. Nos dimos una tremenda mamada por unos 20 minutos y Silvia me dijo entonces que se venía. Comenzó a estremecerse y terminó en un orgasmo derramando sus jugos en mi boca mientras yo, segundos después, explotaba en mi propio orgasmo dentro de la boca de Silvia que se tragó toda mi leche.

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