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Mi aprendiz
La historia que les voy a relatar pasó hace algunos años. En el segundo piso de mi casa vivía una chica que era dos años menor que yo. En ese tiempo yo tenía alrededor de 15 y ella era una niña muy tímida pero que le gustaba usar ropa estrecha y provocativa. Tenía un cuerpo rico puesto que era gruesita, su ropa mostraba unos senos grandes y un culo bien proporcionado.
Todos los días iba a mi casa para que le ayudara a realizar sus deberes del colegio. En una de esas ocasiones bajó a realizar un deber de matemáticas. Yo me encontraba solo y decidí que era más conveniente ir a mi cuarto que sentarnos en el estudio. Ella aceptó y bajamos a mi dormitorio. Una vez allí me dijo que se trataba de ejercicios de factoreo y que a ella no le gustaba mucho. Quería que yo los fuera resolviendo. Ese día, mientras hacía los ejercicios sentada en una silla en el escritorio de mi cuarto, le dije que, para mayor facilidad, yo me sentaría en la silla y que ella se sentara en mis piernas para así poder irle explicando. Ante esta petición ella dijo que sí.
Una vez que nos sentamos a realizar los ejercicios yo la comencé a abrazar suavemente de la cintura. Ella estaba aún con el uniforme del colegio, una blusa blanca y falda larga. Para la edad que tenía su cuerpo era bien desarrollado, tenía senos grandes y redondos y unas piernas gruesas. Su nombre era Marcela. Al comienzo, cuando intenté toparle los senos me dijo que no, que eso era malo, pero ante mi insistencia ella accedió a que se los topara pero por encima de la blusa. Ese día únicamente sucedió eso porque tenía que hacer muchos deberes y debía irse.
Al día siguiente bajó nuevamente y me dijo que si le podía ayudar con un ejercicio. Yo le dije que bueno, pero que debíamos ir a mi cuarto, ante lo cual ella dijo que sí. En esta ocasión bajó con una blusa cortita con botones. Le propuse que hiciéramos el ejercicio recostados en la cama, a lo cual dijo que no tenía ningún problema. Se recostó boca abajo y yo al lado de ella. Después de unos minutos habíamos terminado con sus deberes, que por cierto eran sumamente sencillos. Le pregunté si tenía que irse y me dijo que no, que en su casa no había nadie, así que podía quedarse un rato más. Entonces la abracé por la espalda y le dije que se quedara boca abajo, que le iba a dar unos masajes. Ella dijo que bueno y se quedó quieta. Yo, lentamente, comencé a masajear su espalda y, para esto, le subí la blusa que llevaba puesta. Ella dijo que no pero la convencí de que no le vería nada. Luego seguí bajando mis mamos lentamente hasta la cintura y posteriormente a sus piernas. Le pedí que las abriera un poco puesto que no podía cogerle todo el muslo. Lo hizo con temor y muy suavemente.
Después de algunos minutos alcé lentamente su falda y ante mí se mostró un culo grande y redondo. Le comencé a manosear suavemente y le dije que me gustaba. Le pregunté si a ella le gustaba, ante lo que respondió que sí. Entonces le dije que se diera la vuelta y le comencé a topar los senos. Para esto le había zafado la blusa y el sostén. Me preguntó si lo que estábamos haciendo era correcto. Yo le dije que sí pero que si no quería no lo hacíamos y ella me dijo que le gustaba. Entoces me agaché y comencé a besarle suavemente los senos. Sentí que ella se estaba excitando poco a poco. Como a mi me fascinaba su culo, decidí pedirle que se diera nuevamente la vuelta y comencé a toparla. Le bajé el calzoncito color blanco que llevaba puesto y, desde atrás comencé a cogerle su vagina que, por cierto, aún no tenía muchos pelos. Ella me dijo que nunca antes alguien la había topado y que no sabía qué debía hacer. Yo le dije que se quedara quieta y que dejara que yo me encargara.
Luego de unos minutos de estar manoseando decidí sacar mi verga, la comencé a frotar suavemente por su culo intentando penetrarla pero el dolor que le provocava impidió la penetración. Ante esto le pedí que se diera la vuelta y que abriera bien las piernas para meter mi verga en su vagina. Ella me preguntó si lo que le iba a hacer le iba a doler. Yo le contesté que sí pero que le iba a gustar mucho. Ella pidió que lo hiciera suave. Entonces abrí sus piernas y ante mí se presentó una vagina virgen que no había probado verga alguna. Mi placer fue mayor al mirar sus senos y el temor que se reflejaba en su tierno rostro. Le comencé a meter lentamente mi verga en esa vagina estrecha y calentita. Para esto ella ya se había chorreado y estaba bien lubricadita.
Al momento de meterla ella soltó un grito que hizo que nuevamente la sacara. Me pidió que no lo hiciera muy duro y le dije que la primera vez siempre era así ella dijo que bueno pero que intentara hacerlo más suave. Comencé a meterle suavemente y veía en su rostro el dolor que sentía, lo que provocaba en mí un morbo cada vez mayor. El placer de sentir una vagina estrecha hacía que la metiera con más gusto. Sentía cómo estaba mojadita.
Lo hicimos durante un buen tiempo y, cuando iba a terminar, la saqué y le terminé en los senos. Le pregunté si le había gustado y dijo que sí, que era lo más rico que había probado. Desde entonces comenzó a bajar todos los días con alguna excusa y lo hacíamos por gusto y placer. Tanto le gustó que un día que fui a su departamento porque sabía que estaba sola la encontré metiéndose los dedos botada en la cama. Entonces me acerqué sin que se diera cuenta y me comencé a masturbar al lado de ella. Al verme se asustó y le dije que me chupara, ante lo cual accedió plácidamente. Desde entoces, ella me pega unas mamadas espectaculares y cuando se la meto hace que me sienta el hombre más feliz del mundo.

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