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Estudiando anatomía
Lo que voy a contar me ocurrió cuando tenía 17 años. Yo y  3 amigos más, Sonia, Roxana y Miguel, estudiábamos para ingresar a la universidad y nos quedábamos muchas horas e incluso de madrugada.
Sonia era toda una belleza, muy deseada por todos mis amigos. Era de mediana estatura, de rostro angelical y, lo que más llamaba la atención, de bien torneadas piernas y trasero de ensueño. Roxana era algo gordita y de Miguel no opino.
Sonia postulaba a Medicina Humana, por lo que estudiaba más anatomía y biología, Roxana a Derecho (leyes), Miguel a Administración y yo a Ingeniería. Entre los tres nos complementábamos y explicábamos cada uno en su especialidad.
Los días pasaban y yo no lograba concentrarme al admirar la  belleza de Sonia. No dejaba de mirarla, especialmente cuando caminaba de perfil y se apreciaban mejor sus curvas perfectas. La deseaba, quería hacerla mía. En las reuniones de estudio bromeábamos mucho entre nosotros. A mí me gustaba hacer bromas de doble sentido y algunas eróticas. Siempre trataba de alardear sobre el gran tamaño de mi pene, a lo que Sonia respondía "dime de qué presumes y te diré de lo que careces".
Hasta que llegó el día esperado. Nos encontrábamos solos en su casa. Roxana y Miguel no asistirían y sus padres, como siempre, nunca estaban debido a su trabajo. Sentía que ella estaba algo nerviosa. Parecía que presentía el placer del que iba a disfrutar. Esta era mi oportunidad y no la iba a desaprovechar.
Lo primero que idee fue tratar de estudiar anatomía, lo cual ella aceptó. Comenzamos estudiando el sistema digestivo, la boca y la lengua. Bromeaba al respecto diciendo que a la mujer le gustaba mucho la leche y cosas por el estilo. Ella sonreía. Después pasamos al estómago e intestinos, hasta llegar al ano. En este momento empecé a cambiar de tema y le pregunté a Sonia si sabía cuántas formas de sexo conocía, a lo que me respondió que sólo conocía una: la penetración vaginal. Yo le dije que conocía tres: sexo vaginal, sexo oral y sexo anal.
La conversación era muy seria y técnica, y le pedí sentarnos en el mueble para estar mas cómodos y conversar al respecto. Hablamos sobre el tamaño del pene. Pregunté a la experta sobre cuál era su tamaño normal, a lo que ella contestó 16 cm. Pregunté si a las mujeres les gustaban los penes grandes, a lo que ella respondió que era evidente. Le pregunté a qué se debía y me explicó que podría llegar a lugares donde uno corto no llegaría y así darles más placer.
Yo me sentía tranquilo hasta ese momento. Fue cuando ella me preguntó si era virgen, a lo que respondí que no, cuando empecé a excitarme. Ella sí era virgen. Yo me estaba excitando cada vez más viendo sus bellas piernas que mantenía cruzadas. Siguió preguntando sin recato. Me preguntó cuánto media mi pene. Yo respondí que no sabía. Ella insistió e incluso trajo un centímetro. "Sácatelo", dijo. Me sorprendió su actitud pero bajé el cierre, desabroché el botón de mi pantalón y saqué mi verga. Ella fijó su mirada en los 22cm de carne que veía ante sus ojos. "¡Qué grande la tienes!", exclamó. Mientras tanto, acercó su mano y la cogió, jugando con ella. "Es toda tuya", le dije, y empezó a movérmela de arriba hacia abajo sin dejar de mirarla. "¡Chúpamela!", la animé. Ella dijo que no sabía cómo hacerlo y yo le respondí que se imaginara que era un chupete.
Se arrodilló frente a mí y empezó a darme lengüetazos desde abajo hacia arriba. La metía en su boca con dificultad. No entraba toda. La mamada era fabulosa para ser su primera vez. Qué oleadas de placer sentía. Miraba su trasero y empecé a tocárselo. Qué carne tan exquisita, qué curvas tan preciosas. Tenía unas piernas suaves y de músculos agradables que lamí y besé. Le saqué la blusa y el sostén y empecé a lamer sus pezones. Succionaba sus pezones ante sus gemidos de placer. Bajé mi lengua por todo su pecho y por el ombligo. Bajé su short, la volteé y aprecié su hermoso trasero, que mordí suavemente. Apretaba mis manos y estaba duro y espléndido. La abrí de piernas y pasé mi lengua por su culito. Mis manos acariciaban sus piernas y ella gemía y gozaba con mis lengüetazos. Sentía cómo se mojaba cada vez más. Saboreé por un rato hasta que escuché "¡Métemela!".
Sin esperar más, la hice apoyar en el mueble, quedando su enorme trasero a mi disposición. Cogí mis 22 cm y se los introduje poco a poco. Ella se quejaba del dolor pero no le importaba. Era difícil para mí introducírselo. Demoramos un poco hasta que lo logré. Me apoyé en sus caderas. Era una leona en celo. Me movía cada vez mas rápido, golpeaba sus nalgas, le jalaba los pelos y ella se retorcía y gritaba. Así hasta que no pude más y sentí un orgasmo impresionante, de los mejores en mi vida. Salió una gran cantidad de semen que esparcí por su cuerpo.
Luego me recosté en su cama, la abracé y la besñe, agradeciéndole el momento. Ella, entre lágrimas, me dijo que me amaba y que era su primer hombre, que nunca la dejara y que se lo prometiera. Y así lo hice. Estuvimos tumbados charlando sobre lo impresionada que había quedado con el tamaño de mi pene. Todo el tiempo lo tuvo en sus manos, dándole besos y pasando su lengua por encima hasta que volví a sentir otro orgasmo. Cuando terminamos, nos bañamos juntos y me fui a mi casa.

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