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Autostop
- ¡Qué bonito es todo esto! - Sí, es precioso. Ya tenía ganas de venir por Asturias. Ha merecido la pena el viajecito, ¿verdad?. - Sí, mucho.
Íbamos con nuestro coche por una de esas carreteras secundarias en dirección al camping donde nos alojábamos. Veníamos de ver los picos de Europa. Mi novia y yo nos habíamos tomado unas vacaciones bien merecidas, después de unos meses de mucho curro.
- ¡Mira! -dijo mi novia-. Una pareja haciendo autostop. ¿Por qué no los cogemos? - ¿Seguro que quieres que suban? Me da un poco de corte. - No seas tonto, seguro que si estuvieras en su lugar te gustaría que parásemos.
Paramos el coche unos 200 metros después de la pareja. Vinieron corriendo en nuestra dirección. Era evidente que estaban cansados y que subir en un coche, aunque sólo fuera unos kilómetros, les venía de perlas.
- ¡Hola!, ¿dónde vais? -pregunté yo. - Hacia el camping -dijo el chico. - ¿Qué camping? - El de la Rocha, creo que se llama así. - Vaya, estáis de suerte -respondí-. Ese es nuestro camping. Subid. - Muchas gracias, estábamos muertos.
Estuvimos todo el camino de regreso al camping charlando. Resulta que eran de Mallorca y habían venido en autobús hasta Asturias. Se llamaban Rubén y Judith y llevaban varios años saliendo, como nosotros. Siempre intentaban ir a conocer lugares de España, y siempre iban a campings y en autobús para ahorrarse pelas, pero eso sí, siempre que podían se alojaban en bungalows. Precisamente el día anterior, Susana y yo, habíamos comentado lo chulos que eran los bungalows del camping.
- O sea, que estáis en un bungalow -preguntó Susana. - Sí, en el que mira hacia el mar. - Qué pasada, habrá una vista increíble, ¿no? - Sí, es muy bonita. - ¿Habéis salido algún día por ahí de marcha? -preguntó Rubén. - Pues no, pero estaría bien. ¿Podríamos quedar los cuatro esta noche? -dije yo. - Buena idea. ¡Mejor aún! -dijo Judith-, venid a cenar a nuestra "chocita" y luego nos vamos de copas. - Perfecto -respondió Susana.
Cuando llegamos al camping, cada pareja se fue por su lado, pero quedamos para cenar a las 9 y media.
- ¿Qué te parecen? -me preguntó Susana. - Parecen majos, ¿no? - Susana me miró con una sonrisa especial. - ¿Por qué me miras así?
En el fondo yo ya sabía por qué me miraba así. Saltaba a la vista. Judith era una chica bastante guapilla, rubia, con ojos azules, tenía una cara muy rica y, aunque estaba un pelín rellenita, tenía unas tetas impresionantes, y era muy simpática, siempre con una sonrisa en la boca.
- ¡Anda!, si no has parado de mirarle las tetas por el retrovisor. - ¿Yo?, pero qué dices..., bueno, sí se las he mirado, ¿y qué?, ¿o es que tu no te has fijado en Rubén?.
Desde luego el tío era atractivo, bastante fuerte y algo más alto que yo. Muy moreno de piel, pero con el pelo rubio y también con los ojos azules.
- Está muy bueno -dijo Susana, sin cortarse un pelo-. Ah, ¿si?, pues ella también. - Ya, ella es guapilla, no te voy a engañar. - Bueno, lo importante es que parecen majos. - Sí..., y guapos.
Nos duchamos y nos arreglamos un poco para la cena. Tampoco es que tuviéramos mucha ropa que ponernos. Susana se puso una minifalda y una camiseta de tirantes, que dejaba ver las tiras del sujetador. Yo me puse unos pantalones cortos y una camiseta, todo muy normal. Luego echaría en falta no haber cogido alguna prenda más.
Cuando llegamos al bungalow, Judith estaba fuera fumando un cigarro:
- ¡Hola, qué puntuales! -dijo. - Sí, no queremos que penséis mal. - Pasad, la cena casi está hecha. Rubén cocina muy bien, seguro que os gusta.
Y nos gustó. La cena estaba muy rica. La verdad es que en ningún momento nos sentimos incómodos, la conversación era muy fluida, y nos reímos bastante, contando algunas anécdotas que nos habían pasado durante el viaje. Llegaron los postres.
- ¿Fumáis? -nos preguntó Rubén mostrándonos una bolsita de maría. - ¿Y vosotros? -contestó Susana, enseñándoles una piedra de costo que nos habíamos agenciado para el viaje.
Nos hicimos unos porritos y nos invitaron a unos cubatas. El ambiente se iba caldeando. Yo ya estaba empezando a notar ciertas "miraditas" entre los cuatro. Era obvio que todos sentíamos atracción por todos. Presentía que algo iba a pasar. Como si me estuvieran leyendo la mirada: - Podríamos jugar a algo, ¿qué os parece? -dijo Rubén. - ¿Habéis jugado a "yo nunca"? -dijo Susana. - No, ¿qué es?, ¿un "juego madrileño"? -preguntó Judith. - No, no sé, es muy simple. Va por turnos. Cada uno en su turno dice "yo nunca he hecho tal cosa", y todos aquellos que sí la hayan hecho, beben. Es muy fácil. ¿Qué os parece?.
Me gustaba la actitud de Susana. Estaba claro que ella estaba pensando lo mismo que yo, y parecía dispuesta a todo.
- Vale, ¿quién empieza? -dijo Rubén. - Pues, por hablar, tú mismo. - Yo nunca he puesto los cuernos a mi novia o novio.
Confirmado, todos estábamos pensando en lo mismo. Y la pregunta era comprometida para empezar. Nadie bebió. Todos fieles. Mejor. Más morbo.
- Me toca -dijo Susana-. Yo nunca he besado en la boca "con lengua" a alguien de mi mismo sexo. Rubén bebió. Yo le miré sorprendido. - Soy actor aficionado -dijo, sonriendo. Ahora me tocaba a mí. - Yo nunca he hecho una mamada.
Fue la primera pregunta realmente picante de la noche. Bebieron las dos. Creo que para ninguno fue una sorpresa, pero bueno era saberlo.
- Yo nunca he lamido un coño -dijo Judith.
Rubén y yo bebimos. Comenzaba la segunda ronda y la "tensión sexual" iba subiendo, pero nadie parecía incómodo, más bien al contrario, todos parecíamos disfrutar con el juego. Había muy buen rollo.
- Yo nunca he tragado semen -dijo Rubén.
Ellas bebieron.
- Yo nunca lo he hecho con más de una persona -dijo Susana.
Nadie bebió. Pero yo sabía que ganas no le faltaban.
- Yo nunca, mejor dicho, a mí nunca me han dado por el culo.
Judith bebió. Os mentiría si digo que en ese momento me empalmé porque ya lo estaba antes, pero os aseguro que estuvo a punto de salírseme del pantalón. Noté cómo su novio me miraba. Por un lado seguro que no le hizo mucha gracia la cara que puse, pero por otro ví cómo miraba a Susana con especial interés. Lo curioso es que Judith no se avergonzó para nada, más bien miró a Susana y a mí algo extrañada, como diciendo "no me lo creo, ¿no lo han hecho por el culo?". Pues no, hasta entonces.
- Yo nunca me he masturbado o he sido masturbada con un dedo en el culo -dijo Judith.
Rubén y yo bebimos. La verdad es que Susana me había hecho algunas pajas con el dedo en el culo que me habían puesto a mil. Creo que a Rubén también. Recuerdo que pensé "¡qué cabrona esta Judith!". De nuevo le tocaba a Rubén:
- Nunca se han corrido entre mis tetas.
Susana bebió. Eso sí que me extrañó. O sea que a Judith le habían dado por el culo pero no se habían corrido entre sus tetas. Aquí tengo que decir que ahora el que parece que se puso a mil fue Rubén. Por lo que fuera, con su novia no lo había hecho, y eso le excitaba. Yo tengo que decir que lo había hecho muchas veces con Susana. A los dos nos ponía cachondos.
Se nos estaban acabando los secretos de alcoba, pero aún quedaban algunas preguntas.
- Yo nunca he utilizado un vibrador -dijo Susana inteligentemente.
Rubén y Judith bebieron. Uf, qué morbo. El vibrador era algo que habíamos hablado Susana y yo alguna vez, pero nunca nos decidimos a dar el salto.
- A mí nunca me han "obligado a la fuerza" a follar.
Sólo bebió Susana. Una vez, después de una discusión, en la que casi llegamos a las manos, casi la violé, y el caso es que le gustó muchísimo. No quería ni verme, pero no sé por qué, eso me excitó mucho. La puse contra la pared y la follé sin preocuparme de más. Cuando estaba a punto de correrme la saqué e hice que se tragara mi corrida. Se tragó hasta la ultima gota y me dio un beso que todavía recuerdo. Por cierto, tanto Rubén como Judith se movieron inquietos en sus sillas. Eso les había puesto a diez mil.
- Voy a proponer que cambiemos de juego -dijo Judith-, pero antes el último yo nunca. Yo nunca había estado tan cachonda antes.
Todos nos miramos y sonreímos. Todos estábamos muy calientes.
- ¿Qué juego propones? -preguntó Susana. - Stripsexpoker. - Lo de strip lo conozco, pero lo de sex, lo tendrías que explicar mejor -dije yo. - Muy fácil, si no tienes ropa con la que apostar, apuesta con tu cuerpo, o con tus habilidades.
Quedó bastante claro para todos la filosofía del juego. Rubén se fue a por una baraja de póker, mientras los demás apuramos nuestras copas, y dimos unas caladitas a los petas.
- Bueno, vamos allá. La apuesta mínima es una prenda, y no hay límite en la apuesta -dijo Rubén.
Mis primeras cinco cartas fueron bastante malas: un as, y el resto nada. Como todos teníamos reloj, esa fue la primera prenda. Susana y yo pasamos de ir a por más, así que perdimos el reloj, pero Rubén y Judith apostaron. "Perfecto", pensé yo, "con un poco de suerte Judith se quita alguna prenda". Rubén se jugó sus sandalias y Judith lo vio y subió con el sujetador. Rubén lo vio, es decir, que si perdía se quedaría sin sandalias, ni camiseta, y Judith sin calzado ni sujetador. La suerte estaba echada. Judith tenía trío de reyes y Rubén dobles parejas. Así que fue Rubén el que se quedó sin camiseta. La verdad es que el tío estaba fuerte y Susana no pudo evitar echar una mirada lujuriosa a su pecho.
En la siguiente ronda, me entró un full de primeras dadas, pero desgraciadamente nadie fue, así que mis tres compañeros se quitaron una prenda. Susana se quitó los zapatos, Rubén se quedó en calzoncillos y Judith en bragas y con la camiseta y el sujetador. Estábamos alrededor de una mesa de plástico, de esas de jardín, por lo que ninguno podíamos ver por debajo de la mesa, pero saber que Judith ya estaba con las bragas únicamente me ponía muy cachondo. Supongo que Susana pensó lo mismo de Rubén. Desde luego, era el que en peor/mejor situación estaba.
Lo mejor de todo es que se estaban acabando las prendas y yo estaba deseoso de ver las tetas de Judith. En la siguiente ronda me entraron tres cincos, una J, y una Q. Me quedé con los cincos y aposté fuerte. Judith pasó, pero Susana y Rubén vieron la apuesta. Rubén se quedaría en pelotas y debería "algo", y Susana en bragas y sin sujetador/camiseta. Pero vayamos por partes. Primero Judith se tenía que quitar o la camiseta o las bragas. Eligió las bragas, ya que no la podíamos ver ninguno mientras no se levantara. Sin moverse de la silla, deslizó sus brazos por sus caderas, levantó un poco sus piernas y se sacó las bragas, que nos enseñó. Eran de color negro y de raso, muy bonitas. Luego las lanzó al otro lado de la habitación. Ahora venía lo fuerte. Pedí dos cartas, me entró un comodín y un seis. Susana pidió una carta. "Va a por la escalera", pensé yo, y Rubén dos cartas, "uf, este cabrón va a por todas, a por póker seguro". Susana era mano:
- No voy. Menuda mierda de carta me has dado -dijo, mirándome.
Sonreí. Se tenía que quedar muy ligerita de ropa. Primero se quitó el sujetador, y bajo la camiseta de tirantes se podían apreciar sus pezones erectos. Rubén no quitaba ojo. Luego, tal y como había hecho Judith, se quitó las bragas. Se había puesto unas que eran modelo tanga y a Rubén casi se le salen los ojos. La verdad es que a mí me encantaban aquellas braguitas, sobre todo porque bastaba con apartar la tira de la raja del culo para poder meterla. Quedábamos Rubén y yo.
- ¿Cómo lo vamos a hacer? Porque yo paso de hacerte nada a ti -dije yo. - Tú no, pero tu novia sí que me puede hacer cosas, y la mía a ti -respondió el.
Los dos miramos a Susana y Judith, que lejos de enfadarse parecía que la idea les daba aún más morbo. Perfecto.
- Bueno, la suerte está echada -dijo Rubén. - Yo no tengo nada que perder. Si pierdo, me quedo en pelotas y debo una. Así que voy con todo. Tu novia se queda en pelotas y se pone de pie para que la podamos ver. Esta es mi apuesta. Por supuesto, si pierdo la que se queda desnuda es mi novia.
Si perdía yo me quedaría en calzoncillos y mi novia desnuda, pero me parecía un farol. Además tenía un póker, ¡qué coño!
- Lo veo y subo a lo siguiente. Tu novia me la chupa durante un minuto por debajo de la mesa.
El ambiente no podía estar más caliente. Susana me miró por lo atrevido de la apuesta. Además sabía que si perdía sería ella la que tendría que chupar, pero no vi que eso le molestara.
- Lo veo -respondió Rubén-, pero además meto mi polla en el culo de tu novia.
Eso era demasiado para mí. Si alguna polla iba entrar en el culo de Susana era la mía. Lo más increíble es que Susana siempre había sido reticente a que le diera por culo, pero en ese momento parecía dispuesta a que un completo desconocido lo hiciera. Judith no dejaba de mirarnos pensando también en lo que le tocaba a ella. Me tendría que hacer una mamada y dejarse dar por culo, ahí es nada. Pero no pude aceptar. Si perdía, iba a ser otro el que se follara por el culo y por primera vez a mi novia.
- No puedo ir -dije, resignado.
Rubén puso una cara de felicidad indescriptible, y Susana de falsa resignación, porque en el fondo deseaba, como todos, empezar/acabar ya con todo aquello.
Lo primero que hizo Susana fue ponerse en pie. Los tres que estábamos sentados nos reclinamos en nuestros asientos para contemplar el espectáculo, Rubén y yo para disfrutarlo, y supongo que Judith para juzgarlo. Su coño quedó al descubierto, afeitado por los bordes para que no se vieran los vellos con el bañador, y de aspecto muy jugosito. Sus pezones estaban marcados en la camiseta. Rubén le pidió que se diera la vuelta, y lo mismo hubiera hecho yo. Susana así lo hizo. Se dio la vuelta y se apoyó con sus manos en el respaldo de la silla. Podíamos ver su culo y su vulva, que ya estaba brillante por los fluidos. Parecía más que dispuesta a todo. Después, sus manos acariciaron sus nalgas y se quitó la camiseta. Pude observar la cara de Judith como diciendo "cuando me toque a mí vais a flipar".  
- Ahora salda la deuda de tu novio -dijo Rubén.
Totalmente sumisa, Susana se agachó bajo la mesa, y pude ver cómo sus manos subían por la entrepierna de Rubén. Después oí un gemido de placer. Ya la tenía en su boca. Sólo podía ver cómo las manos de Rubén sujetaban su cabeza, y cómo éstas subían y bajaban rítmicamente. Casi no podía creer lo que estaba pasando. Mi novia le estaba comiendo la polla a un tío que habíamos conocido unas pocas horas antes, y lo más asombroso es que no me molestaba, mas aún, me excitaba muchísimo.
En ese momento Judith me miró, me guiñó un ojo, y me hizo un gesto con el dedo índice para que me acercara. Rodeé la mesa y cuando pasé detrás del culo de Susana no puede evitar pasar un dedo por su agujero. Ella soltó un pequeño gemido y siguió chupando. Cuando llegué a la silla de Judith, me recibió con una cálida sonrisa y, sin mediar palabra, sacó mi polla, que estaba completamente tiesa, y se la metió en la boca. Solté un gemido de placer, y ella un gruñido. Estaba claro que la polla de su novio era algo más pequeña que la mía y eso la excitó. Empezó a comérmela y sus ojos azules me miraban de vez en cuando como sorprendidos de ver lo que estaba pasando.
Susana dejó de chupársela a Rubén, y éste vio cómo su novia estaba comiéndose mi polla. Yo estaba de pie, y Judith sentada en la silla, con una mano en sus enormes tetas, y otra en su clítoris, acariciándose.
- Ahora te toca a tí -dijo Susana a Rubén.
Ella se sentó en la mesa con las piernas abiertas, y él se puso de rodillas con la cabeza entre sus muslos y comenzó a chuparle el coño. Susana gritó de placer. Ahora estábamos Susana y yo muy cerca, y no lo dudamos. Mientras nos estaban dando placer otros, decidimos darnos placer entre nosotros, y nos dimos el mejor muerdo que recuerdo hasta entonces. Estaba con mi polla en la boca de otra tía, que además sabía cómo chuparla, con mis manos acariciando las tetas de mi novia, y con mi lengua recorriendo su boca. Nos seguimos besando y Judith dejó de chupármela. "Menos mal", pensé, porque estaba a punto de caramelo. Cogió mi mano y me condujo a la cama (que estaba en el mismo salón). Se tumbó sobre ella y me dijo:
- ¿No tienes ganas de poner tu polla entre mis tetas?.
No tardé ni un segundo en cumplir su, mejor dicho, mi deseo. Me puse a horcajadas sobre ella y coloqué mi polla entre sus enormes pechos. Ella se los agarró y apretó mi pene entre ellos. Yo empecé a moverme rítmicamente, usando su canalillo para masturbarme. Giré la cabeza y pude ver cómo Susana venía también hacia la cama, trayendo a Rubén consigo. Él se puso al lado de su novia, agarró su cabeza y le metió su polla en la boca. Entonces yo puse mi cabeza entre las piernas de Judith y empecé a comerle el coño. Gritó de placer, y al segundo lo hice yo. Susana se había colocado detrás de mi y estaba lamiendo mis partes.
- ¿A quién quieres follarte primero? -me preguntó Rubén. - Me da igual, quiero follar con las dos -respondí. - Haced un sandwich conmigo -dijo Susana. - Vale, pero yo te doy por el culo -dije.
Rubén sacó la polla de la boca de su novia y se tumbó en la cama, mientras que ella colocaba su caliente y húmedo coño sobre su cara. Susana se colocó encima, cogió la polla de Rubén y estuvo jugando un poco con ella hasta que se la metió. Soltó un pequeño gemido de placer. Ahora me tocaba a mí. Ahí tenía a mi novia con follada por otro tío, y que iba a ser desvirgada analmente por mí. Separé sus nalgas y pasé mi lengua por su ano. Me agarré la polla y le fui metiendo la punta con delicadeza.
- La quiero toda dentro y con fuerza -gritó-. ¡Vamos!, ¡fóllame el culo!
Agarré sus caderas y empujé con todas mis fuerzas. Gritó increíblemente. Era obvio que le había hecho daño, pero tanto Rubén como yo seguimos follando. Su culo virgen no dejaba de apretar mi nabo, y pronto sentí que me iba a correr, pero no lo hice. Mi corrida la estaba reservando para más adelante. Ella, recibiendo placer en sus dos partes más íntimas, no tardó en correrse, pero quería más y más iba a tener. Yo sabía que Rubén también quería darla por culo, así que le dejé mi puesto, y me coloqué delante de Susana, agarré su cabeza, y metí mi polla en su boca. Susana casi se desmaya de placer, tenía dos pollas dentro de su cuerpo. Se volvió a correr.
Mientras, Judith se colocó detrás de mí, separó mis nalgas y empezó a comerme los huevos por detrás. No podía estar más cerca del cielo. Pero Judith tenía escondido un as en la manga. Luego me enteré de que la había excitado mucho saber que mi novia metía sus dedos en mi culo, y eso hizo ella. Sin mediar palabra, se apretó contra mi y metió su dedo en mi culo. ¡Qué placer!
Susana estaba rendid. El alcohol, el sexo, y las drogas la habían dejado exhausta, pero Judith aún no había recibido su parte.
- Folladme como una perra -dijo, mirándonos. - Siéntate en la cama.
Me senté. Ella cogió mi pene y, para mi sorpresa, lo introdujo en su culo y empezó a saltar encima de mí. Luego llamó a su novio e hizo que la follara por el coño. Casi en el momento de meterla se corrió, pero los dos seguimos follándola, hasta que se corrió una segunda vez.
- Ahora os toca a vosotros -dijo Susana, más recuperada. - Tú, Rubén, estás deseando correrte en mis tetas. Ven.
Susana se sentó en la cama y, cogiendo el pene de Rubén, empezó a marturbarle. Judtih y yo no quitábamos ojo. Poco a poco, Rubén se fue poniendo más tenso hasta que finalmente se corrió. Chorros de semen blanco y espeso cayeron sobre las tetas de Susana, que con la mano que tenía libre se lo iba restregando por el cuerpo. Rubén se acercó, la besó y quedó rendido a su lado.
- Ahora vosotros -nos dijo Susana.
Sin mediar palabra, Judith se dio la vuelta y me mostró su hermoso culo, con su ano todavía dilatado.
- Quiero que te corras ahí dentro.
Metí mi polla donde me decían. Entraba y salía con facilidad y a cada embestida mía Judith gemía de placer. Decía "¡lléname toda!" y cosas por el estilo que no recuerdo. Solo sé que cuando me fui a correr...
- ¿En qué coño piensas?, casi nos metemos contra el árbol. ¿No estarías pensando en coger a esa pareja de infelices?, ¡que se hubieran venido en coche!. - No, no, me he despistado, eso es todo -respondí, saliendo de mi fantasía-. De todos modos, ¿qué tiene de malo que los subamos? - ¿Cómo que qué tiene de malo? -respondió mi novia, sorprendida-. Vete a saber lo que pueden hacernos... - Nada malo, cariño, nada malo.

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