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¡Que mujer Marta! Parecía que su objetivo en la vida era tener a tope al tío que tenía al lado. Para conseguirlo se pasaba el día buscando la manera en que podía excitarte más. Igual le daba contarte, cuando estabas en plena follada, que lo que quería era ver cómo te daba por el culo su amigo Oscar, homosexual reconocido, como te contaba, en las mismas circunstancias, cómo se lo había hecho con su último, penúltimo o primer ligue. El caso es que te cabrearas, te excitaras y llegaras a odiarla transitoriamente, y te corrieras como un geyser a continuación. Era dificil echar un polvo normal con ella. Cada follada debía ser un acontecimiento especial. Y tenía razón ¡que coño!. Tenía sus cosas. Cuando estabas con ella en una disco, parecía el periscopio de un submarino. Oteaba el horizonte continuamente a ver quien estaba, quien faltaba, quien se fijaba en ella o quien pasaba del tema. Copa en mano, ligeramente levantada, como si brindara con los estroboscópicos focos. El caso era llamar la atención.
Algunas veces eran chicas las que se acercaban a ella para tantearla, a ver si era lesbi o al menos bisex, pero para nada. Les sonreía, les soltaba alguna gracia o algún chiste de moda y las despedía rápidamente. Inmediatamente me miraba a ver si la niña me había gustado. Como notase algo, se ponía seria, decía algo como que el asunto de los celos no lo podía soportar, y seguía de muestra, como los perros en las cacerías. Es decir que por un motivo u otro siempre estabas con las antenas desplegadas y alerta, porque como te descuidases, te la levantaban en un pispás. Algún descuidero le metió su teléfono en un bolsillo alguna vez, que bajé la guardia. A pesar de este sinvivir me gustaba. Sí señor. Parece que soy masoca en estado puro. Un día, llevó a casa a sus compañeras de trabajo. Yo acababa de llegar del mío y estaba pelín cansado. Llamó y dijo:
- Holaaa, ¿ya estás en casa? Oye que voy con Sonia, Arantxa y Angelines.
Sus compañeras. Sonia, 23 tacos, alta, delgada, guapa, se tiraba a todo lo que se moviera. Especialista en orgías, en las que ella era la única mujer. No sé cómo se las arreglaba. Un tío que estaba bastante colgado de ella, la pilló un día con tres, trajinando sus agujeros sin compasión. Ahí concluyó su cuelgue. Podía haberse sumado a la manifestación, pero no; se agarró un rebote de pelotas y pasó a la historia de los amores incomprendidos. Arantxa, 22 años. Simpática, acelerada como una maquinilla de afeitar. En cuanto conocía un tío, se lo llevaba a casa. Siempre necesitaba conocer a fondo lo que se cruzaba en su camino. Curriculum extenso donde los haya. Angelines. Novata. De las que para follar se tienen que colgar. Aprendió más tarde que las cosas no son tan lineales. Las tres preciosas, y bueno Marta... ¿qué os puedo contar de Marta?, la más de lo más. ¿OK?
Pues se presentaron en casa las cuatro.... con otros tres tíos de la oficina de al lado, que yo no conocía de nada. ¡¡Puta madre!! Hazte el simpático en una situación como esta. ¡Pues me lo hice!. Ya estaba yo vestidito, porque sabía que la única forma de que estas cosas terminaran medio racionalmente, o sencillamente que terminaran alguna vez, era irnos por ahí a tomar copas y dar el esquinazo a los demás miembros de la expedición en cuanto se descuidaran. Pero esta vez, no parecía la cosa sencilla.
Pusieron música, se abrieron cervezas y se formaron las típicas parejitas. Sonia y Angelines estaban por un tal Pedro. Se lo quedó Sonia, claro. Marta se daba el pico con un tal Venancio, majo chico, recien casado, pero al que Marta dedicaba una especial atención. Se sentaron en un sofá. Venancio relajado y Marta con las piernas recogidas sobre el sofá en dirección a Venancio. Arantxa, que tenía algo que la esperaba en su casa, no parecía inclinarse por nadie en especial, por lo que se dedicó a mí, que no perdía de vista a Marta. Había otro elemento, un tal Jonnhy, que tambien iba por libre, descoyuntandose sin conseguirlo. En resumen, que a Pedro le molaba Arantxa, a Sonia y a Angelines, Pedro, a Jonnhy, Arantza y a Marta, yo, pero no se notaba nada. Entre el humo, las cervezas, el whisky y la musica se empezó a aclarar la situación, y en una de estas, Arantxa me agarró el paquete y me dijo que me esperaba en el baño. Me quité de en medio hábilmente y al cabo de un rato, entré en el baño. Arantxa, estaba vestida, sin bragas, apoyada en el lavabo, ofreciendome sus agujeros desde detrás. Tenía la cabeza entre las manos, la falda subida hasta la cintura y las piernas abiertas. Me dijo:
- Echame un polvo, Juanjo, lo necesito.
No era la primera vez que ocurría, pero ¡en mi casa!, ¡joder! Tomé saliva de mi boca con los dedos y unté aquel chochito que tan dispuesto estaba. No hacía mucha falta la lubricación, pero uno es un caballero. La cogí de las caderas, acerqué mi polla a su chochito y entró de una vez deslizándose con cierta resistencia inicial. Pasados los primeros momentos de gemidos y breves interjecciones y, ayudandome de sus asas que me impulsaban en el vavivén, nos dimos unas cuantas culetadas que sonaban como choque de trenes: ¡toma, toma, toma! hasta que se corrió silenciosamente, aflojandosele las piernas a continuacion. Yo, aunque con la espada de Damocles pendiendo sobre mi integridad fisica y moral, la sujeté y me corrí en su chochito finalmente. Me recuperé, bebí agua del grifo, y salí a la sala donde seguía la improvisada fiesta.
Me pareció ver que de debajo de la falda de Marta salía una mano que se alojó hábilmente bajo un cojín del sofá. Sonia estaba ya morreandose con Pedro, mientras Jonnhy bailaba con Angelines. Arantxa salió al cabo de un rato, retocandose las cejas. Al poco alguien propuso ir a un sitio de copas, que los chicos conocían. Marta pasó al dormitorio a cambiarse la falda por unos jeans, momento en que le toqué el coño y lo descubrí abierto y mojado. Las bragas estaban echadas a perder.
- Ha sido Venancio, Juanjo, estaba deprimido -¡eso fue lo que me dijo la tía puta! Y continuó-. Te has follado a Arantxa, so cabrón., me lo ha contado.
La noche iba a ser movidita, me temía.
Llegamos al sitio de las copas. El camareta había sido pasado por la piedra en diferentes ocasiones, y consecutivamente por Arantxa, su descubridora, Marta, ¡se lo iba a perder!, y Sonia. No estaba en las muescas del revolver de Angelines (sería virgen, seguro). Sonia se daba la paliza con Pedro, Arantxa, que en el viaje en taxi había maniobrado con destreza en el ziper del pantalón de Jonnhy, lo tenía arrinconado contra la puerta del lavabo de chicas. ¡Que obsesión por la limpieza la de Arantxa! Angelines me contaba historias, yo estaba sentado en un taburete con Marta a horcajadas sobre una de mis piernas, y Venancio a un metro apoyado en la pared frente a nosotros. Siguiendo la música, Marta empezó a moverse frotando su entrepierna contra mi muslo, mientras miraba a Venancio con cara de salida (el pobre estaba deprimido, la carilla de salida debía ser para subirle la moral). Mi muslo empezaba a subir de temperatura alarmantemente, provocada sin duda por el roce del jean de Marta contra mi Levis sintético. Mi polla estaba tomando cuerpo, acorde con las circunstancias. En un momento, ya había pasado más hora y media. Le dije a Marta, en voz baja:
- Hoy te voy a destrozar, putón de mierda. Vámonos.
Y nos fuímos. Taxi, sin intercambiar palabra. Ella mirando por su ventana, yo por la mía. Llegamos a casa, pago y abajo. Se me escabulle y sube antes que yo. Me encuentro la puerta abierta y las luces encendidas, cierro la puerta y llego al dormitorio. Allí estaba Marta, a cuatro patas, culo en pompa, en pelota viva, cabeza apoyada en la cama entre sus manos, piernas abiertas, culito y chocho a la vista, dispuesta al sacrficio. La veo, y me voy al baño. Me desnudo. Unto los dedos en un frasco de vaselina perfumada y entro en el dormitorio, polla en ristre. Meto un dedo en su culo, untandole por dentro. Meto dos dedos y se abre su culito más. Acerco mi polla, previamente untada con vaselina.... y ¡adentroooo!
-Te vas a enterar, puta. Te voy a romper el culo. - Rompemelooooo, rompemelooo, hijodeputaaaa. Destrozamelooo, cabroon. Que te he puesto los cuernos mientras me follaba Venancio con sus dedos en mi chochoooo.
Me agarro a sus caderas y la impulso violentamente contra mi pelvis. Muchas veces, muchas. Hasta que finalmente me corro en su culo. Descanso y me voy al baño a lavarme la polla.
Cuando vuelvo, ella sigue en la misma postura pero tumbada atravesada en la cama. Me acuesto y me dispongo a dormir. De repente noto que me ha cogido por las pelotas suavemente, mientras se mete la polla en su boca. Mama, absorbe, lame, manosea hasta que me pone otra vez a tope. Y entonces se pone encima de mí, se mete la polla en su chocho, mientras me agarra los huevos y me dice, mirandome a la cara con desprecio:
- Te voy a destrozar los huevos.
Su cara era un poema. Cabreada, desencajada, saltandole las venas de su cara, me empieza a golpear la pelvis con la suya. Los golpes se oían en el edificio. Yo la seguía provocando:
Mi polla estaba a reventar, rozando las paredes de su ardiente vagina, notando cómo la sensibilidad de los bordes del glande iba aumentando hasta hacer irresistible el frotamiento. Joder, ¡me iba a correr a lo bestia! Esta tía me ponía como un burro.
Cada vez se movía más deprisa. ¡¡Toma, puta!! ¡¡Toma, puta!! ¡¡Toma, puta!! ¡¡Toma, puta!! decía. Me agarraba las pelotas entre sus dedos. Sudaba, se rompía, se desmadejaba, pero no paraba. Hasta que le vino un orgasmo salvaje, que la hizo derrumbarse sobre mí. La abracé y la besé en la frente.
Uuuuffffffff.
Ella me ha ayudado a escribir este relato. Somos mujer y marido, a veces marido y mujer. Nos amamos.

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