CACHONDAS.COM
Cachondas.com  
 Chistes X
 Contactos
 Humor Gráfico
 Relatos Picantes
 Sexo en Vivo
 Videojuegos X
 Wallpapers
Fotos
 Amateurs
 Animadoras
 Bikinis
 Cachondas
 Exhibicionistas
 Jovencitas
 Lencería
 Lesbianas
 Maduras
 Modelos
 Pornoduro
 Tetas Grandes
 Transparencias
Links interesantes
 Musica.com
 Superhumor.com
 Videoblogs.com
 Videojuegos.com
 Relatos  
En la playa con Tania
Fue un 12 de Julio en una bonita playa del norte de España, una playa de esas donde puedes estar tumbado al sol, sobre la hierba, teniendo el mar a escasos metros. Recuerdo que Jorge, un buen amigo mío, me había presentado, hacía apenas veinte días, a Tania. Yo paseaba junto a un bonito acantilado, cuando me los encontré. Jorge se levantó rápidamente, y vino hacia mí.
- ¿Qué tal, Víctor? ¿Qué haces por aquí? - Dando un paseo, ya sabes, el aburrimiento. Estaba en casa y me apetecía ver el mar.
Ella estaba tumbada, con un bonito bikini blanco. Se incorporó despacio y me hizo un gesto con la mano. Yo correspondí. Tania era mejicana. Jorge la había conocido en uno de sus viajes y la había invitado a pasar una temporada en España. Era verdaderamente guapa. Yo seguí charlando unos minutos con Jorge, y cuando ya me disponía a dejarles, ella dijo:
- ¿Hacia dónde vas Víctor? - Me voy a acercar hasta aquel acantilado de allí. Hay unas vistas maravillosas. - Te acompaño. Jorge no quiere pasear. -Ya te he dicho Tania, que vengo a descansar -comentó Jorge entre dientes.
Días más tarde, Tania me diría que nunca supo el por qué tuvo aquella reacción.
Caminamos despacio hacia el acantilado. Intercambiábamos frases y comentarios triviales. Yo me notaba algo tenso. Lo curioso es que creo que ella también lo estaba.
Confieso que durante el trayecto intentaba mantener una conversación normal, pero la forma de andar de Tania me podía. Aquel bikini blanco. Llevaba en su cintura una bonita toalla, pero la parte superior de su bikini blanco, dejaba entrever el marrón de unos bonitos pezones. Me di cuenta de que se había operado el pecho, y eso me excitaba aún más. Yo empezaba a tener una suave erección... Me estaba dando vergüenza. Afortunadamente ya habíamos llegado al lugar, y le dije que nos sentáramos.
- Es precioso este lugar, Víctor. - Sí. De niño venía mucho por aquí. Jugábamos a médicos y enfermeras con las chicas del pueblo.Ya sabes, cosas de críos.
Ella no se reía. Me empezaba a dar miedo. Me sentía un poco violento, y mi erección no disminuía. Yo llevaba un bañador normal, pero el bulto comenzaba a dejarse notar. Entonces, de repente, se quitó la toalla de la cintura. Tania era verdaderamente bonita. Ella seguía hablando, pero yo ya no la escuchaba. Mi mirada se desvíaba a su bikini. Tenía sus piernas un poco entreabiertas, y yo miraba la parte de su bikini que cubría su sexo. Creo incluso, que se lo veía húmedo, ó eso me parecía a mi. Los bikinis blancos, tienen esa cualidad. Yo intentaba que no me lo notara. Más tarde comprobé que ella también había dejado de hablar hacía un rato.
Ahora algo había pasado. Mi erección era mucho más placentera, casi no me había dado cuenta. Tania, con una suavidad exquisita, había introducido su mano izquierda en mi bañador, y con mi pene agarrado, la movía lentamente. Yo creía que iba a reventar. Ella me miraba a los ojos.
- ¿Te gusta, Víctor?
Solo recuerdo tres palabras.
-¡Oh, Dios, Tania!
Ahora sí que observé que la parte de su bikini, ahí donde Tania tiene lo más sabroso, estaba más oscuro que el resto. Ella estaba excitada, creo que me estaba pidiendo algo. En cuestión de segundos, dejé de ver sus ojos. Ahora sólo veía un precioso cabello rubio. La melena más bonita que he visto en mi vida. Había bajado mi bañador con sus manos, y con una dulzura inexplicable estaba besando mi pene. Lo introducía y lo sacaba de su boca, como si lo hubiera hecho toda su vida. Yo sabía que no podía aguantar mucho más así. Me sentía egoísta, y quería que ella apagara también su pasión. Me hubiera gustado correrme en su boca, pero no era justo. Con mis manos y lo más delicadamente que pude, agarré su melena y retiré su cabeza de mi entrepierna. Noté que se resistía un poco. Le gustaba, realmente le gustaba, y eso me hacía gozar aún más. No, no debía correrme.
- Espera Tania, tranquila. Hagamos las cosas bien, amor mío. - Oh, Víctor, quiero que te corras en mi boca... Lo necesito. - No te preocupes, Tania, sé que me correré, pero quiero que tú lo hagas conmigo.
Ahora volvía a ver sus ojos. Ella continuaba con su mano izquierda en mi pene, y yo sentí unos deseos irresistibles de acariciarla. Ahora fui yo, quien con mucha delicadeza, quité lentamente la parte inferior de su bikini. Lo bajé hasta sus rodillas. Ella temblaba un poco, y yo también. Comencé a acariciar su sexo. Ella abrió más sus piernas. Lo tenía muy caliente y mojado. Ella suspiraba, y yo me daba cuenta que cuanto más la acariciaba, más rápido movía su mano con mi pene...no quería correrme. Mordí un poco la tela que cubría sus pezones, y ella se agitaba. Comencé a introducir mis dedos en su vagina.
- ¡Tienes que hacérmelo, Víctor! Quiero que me hagas correr. - Ohh..., Tania, dime que te gusta, dímelo. - Por qué no te he conocido antes, Víctor... Sigue amor, sigue, bésame.
Supe que cuando decía eso no se refería a su boca, porque ya se la estaba besando. Nunca lo había hecho antes, pero confieso que fue lo más apetitoso que he saboreado en toda mi vida.
Retiró su mano de mi pene y yo la despojé totalmente de la parte baja de su bikini. Estaba preciosa. Sus pechos húmedos y cubiertos con aquella tela blanca y todo su sexo libre al viento, al viento de mi boca.
Introduje mi lengua en su coñito y ella se agitaba terriblemente. Yo instintivamente había agarrado mi pene con mi mano derecha y me lo estaba acariciando. Tuve que retirar mi mano. Me correría en caso contrario.
Creo que ella gozaba. Yo mordía su clítoris. Creo que gritó un par de veces. Afortunadamente era un sitio muy solitario.
- ¡Ahhhhhhhhh, Víctor, me voy a correr! - No lo hagas Tania, por favor, resiste. No es el momento. ¡Ooooohhhhh, pequeña, qué caliente estás! Amor mío. - Sigue, Víctor, sigue.
Supe que era el momento de parar. Yo estaba ardiendo y ella también. Tenía todos mis labios mojados por un flujo muy caliente. Mi pene estaba muy erecto, casi me dolía de placer. Le salía algo de líquido. Yo sabía que me correría pronto. Mi glande estaba rojo, ardiendo de calor. Sin pensarlo un segundo, cogí la toalla verde de Tania y la estiré sobre la hierba.
-Ven aquí, Tania. Ponte cómoda. Ven junto a mí. - Sí, Víctor. Por favor, házmelo ya, quiero que estés dentro de mí.
Me quité el bañador y quedé desnudo. Yo estaba ya tumbado. Mi pene apuntaba al cielo, cayéndole por sus bordes un poco de semen, de ese semen que es siempre el preludio de una gran eyaculación.
Ella tenía puesto sólo el sostén de su bikini. Rápidamente se tumbó encima de mí. Tania no era experta, lo sé. Pero aquel día fue diferente. Puso su boca en la mía, y comprobé que había vuelto a agarrar mi pene con su mano, esta vez con la derecha. Noté en mi pene más calor aún. Lo había introducido en su coñito con una destreza enorme. Se movía con un sincronismo que te hacía gritar de placer. Sentí el amor en mis entrañas. Ella era una pequeña amazona, la más bonita que he visto en mi vida. Me besaba, se movía, me besaba, se movía. Ella estaba cerca. Yo ya había empezado a correrme. Y digo empezado, porque fue el orgasmo más largo de mi vida.
Quité lo poco que quedaba de su bikini, como pude. Eran unos pechos maravillosos, quería meter en mi boca sus pezones. Solo podía con uno, yo quería los dos. Estaba a reventar. Cogí con mi mano su pecho derecho e introduje en mi boca su pezón izquierdo. Mi otra mano, apretaba sus nalgas, dios mío qué nalgas.
Ella llegó al climax en ese momento. Yo tuve que meter en su cuerpo mucho líquido. Mi pene sintió un río pasando alrededor de él. Los dos nos corrimos casi al unísono. Me mordió el cuello. Mis manos estaban sobre sus nalgas. La besé en la boca.
- Ha sido maravilloso, Víctor. - Tania, creo que te quiero. - Víctor...Qué va a ser de mi. - No te preocupes Tania. El verano es largo. Incluso habrá más veranos.
Había comenzado a llover y las gotas de lluvia se mezclaban con nuestro sudor. Estábamos muy abrazados y mojados. Todavía estaríamos así un rato largo, temblando de amor.

Links interesantes